La administración del presidente Donald Trump mantiene conversaciones avanzadas con Venezuela para que Estados Unidos obtenga participación directa en al menos 17 campos de petróleo y gas, una operación que abarcaría activos con unos 90 mil millones de barriles de reservas probadas.
Según informó Axios, citando fuentes familiarizadas con las negociaciones, los detalles todavía están en discusión y el acuerdo podría no concretarse. Entre los puntos pendientes figura si Estados Unidos establecería empresas conjuntas con compañías privadas o contrataría productores para explotar los campos.
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La magnitud de las reservas convierte la negociación en una apuesta estratégica. Venezuela asegura contar con aproximadamente 300 mil millones de barriles de petróleo probado, la mayor reserva del mundo, aunque años de deterioro operativo y falta de inversión han limitado considerablemente su capacidad de producción.
Actualmente, el país produce alrededor de 1.1 millones de barriles diarios, un nivel similar al registrado el año pasado. Las grandes petroleras estadounidenses todavía no han realizado inversiones significativas después de los recientes cambios políticos en Venezuela.
Una participación estadounidense podría reducir parte del riesgo percibido por productores independientes interesados en regresar al mercado venezolano. También ofrecería a Washington mayor influencia sobre una fuente de crudo geográficamente cercana en momentos de elevada incertidumbre energética internacional.
Para consumidores hispanos en Estados Unidos, especialmente hogares sensibles a los costos de gasolina y transporte, una recuperación sostenida de la producción venezolana podría eventualmente ampliar la oferta regional. Sin embargo, cualquier efecto sobre los precios dependería de cuánto petróleo adicional llegue realmente al mercado y del tiempo necesario para recuperar infraestructura.
Una intervención directa de Washington en campos petroleros extranjeros sería poco habitual. Estados Unidos ya intentó durante la Segunda Guerra Mundial obtener participación gubernamental en reservas internacionales, aunque aquella iniciativa no prosperó.
La posible operación también enfrenta cuestionamientos políticos. Ricardo Hausmann, economista de Harvard y exfuncionario venezolano, cuestionó públicamente la legitimidad jurídica de un eventual acuerdo bajo las actuales autoridades venezolanas y advirtió sobre sus posibles consecuencias.
Ni la Casa Blanca ni la oficina de Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela, habían comentado inmediatamente sobre las negociaciones.
Más allá de la controversia política, un acuerdo modificaría significativamente la relación energética entre Washington y Caracas y podría abrir nuevamente uno de los mayores mercados petroleros del mundo al capital estadounidense.
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