Donald Trump reiteró este viernes que Estados Unidos podría dejar de comerciar con países que mantienen superávits frente a la economía estadounidense si la Reserva Federal no reduce las tasas de interés. El presidente sostuvo que el país debería pagar el costo de financiamiento más bajo del mundo.
La advertencia llegó después de conocerse el informe laboral de agosto, que mostró la creación de 162,000 empleos. Trump utilizó ese dato para reforzar su argumento de que una economía más sólida debería traducirse en menores tasas y pidió a la FED, encabezada por Kevin Warsh, actuar.
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Trump vincula tasas, deuda y déficit comercial
Trump afirmó que cada punto porcentual de interés representa un costo de $650,000 millones para Estados Unidos y defendió tasas cercanas al 1% o incluso al 0.5%, frente al nivel de alrededor del 4% mencionado durante sus declaraciones.
También presentó los déficits comerciales como una herramienta de negociación. Según su planteamiento, Washington podría reducirlos suspendiendo el intercambio con países que venden más bienes a Estados Unidos de los que compran. Citó a Canadá como ejemplo y aseguró que una ruptura comercial permitiría ahorrar $90,000 millones.
La medida, si llegara a aplicarse de forma amplia, tendría consecuencias importantes porque Estados Unidos registra déficits con decenas de economías, incluidos sus principales socios. Los déficits no implican necesariamente una pérdida económica: pueden reflejar una elevada capacidad de consumo, mientras parte de los dólares obtenidos por socios extranjeros regresa al país mediante compras de bonos del Tesoro.
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Presión renovada sobre la Reserva Federal
Las declaraciones reactivan la presión presidencial sobre Warsh, después de que el jefe de la FED señalara que podrían evaluarse aumentos de tasas para contener la inflación y acercarla al objetivo del 2%. El vicepresidente JD Vance, en cambio, ha defendido una reducción del costo del dinero.
Para hogares y pequeños negocios hispanos, el debate tiene efectos en ambos sentidos. Tasas menores podrían abaratar hipotecas, tarjetas y financiamiento empresarial, pero una interrupción del comercio podría elevar precios de alimentos, vehículos importados, además de afectar empleos en logística, comercio minorista y construcción.
La disputa coloca así a la política monetaria y comercial en una misma ecuación: reducir el costo del crédito sin reactivar presiones inflacionarias ni encarecer bienes mediante nuevas restricciones al intercambio.
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