Aunque la tecnología ha transformado la forma en que se accede al conocimiento, hay lugares donde los libros, el arte y la arquitectura se funden para crear una experiencia que trasciende la lectura. Este año, los 1000 Libraries Awards han revelado cuáles son esos templos literarios que han dejado sin aliento a miles de visitantes.
El reconocimiento, basado en la votación de más de 200,000 usuarios de la comunidad internacional 1000 Libraries, no se limita a valorar colecciones. “Nuestro propósito es esencialmente promover bibliotecas y librerías de todo el mundo y asegurarnos de que sigan siendo relevantes en nuestra era de Internet y la tecnología digital”, declaró Vincent Phan, fundador del proyecto. Lo que comenzó como un simple blog se ha convertido en una red global de amantes de los libros y exploradores de lugares únicos.
Frescos barrocos, columnas de hierro y libros encadenados
En lo más alto del listado se encuentra la Biblioteca del Trinity College de Dublín, que alberga el legendario Libro de Kells y una Sala Larga que resguarda 200,000 ejemplares bajo una bóveda de madera imponente. Le sigue la Biblioteca Estatal de Australia del Sur, cuya Cámara Mortlock y su sótano repleto de volúmenes históricos fascinan a los visitantes. Más allá, la Biblioteca de la Abadía de San Galo en Suiza —Patrimonio de la Humanidad según la UNESCO— destaca como un faro de sabiduría monástica desde el siglo VIII.
La lista también incluye joyas como la Biblioteca del Duque Humfrey en Oxford, donde los libros alguna vez estuvieron encadenados a los estantes, y la majestuosa Biblioteca del Monasterio de Admont, en Austria, que combina arquitectura barroca, frescos del pintor Bartolomeo Altomonte y más de 60,000 libros.
Desde Brasil hasta Ámsterdam: belleza sin fronteras
La Biblioteca Cuypers, ubicada en el Rijksmuseum de Ámsterdam, es la histórica biblioteca de arte más grande de Países Bajos. En Río de Janeiro, el Real Gabinete Portugués de Lectura alberga primeras ediciones raras y funciona también como centro cultural luso.
En París, la Biblioteca Sainte-Geneviève sorprende con sus columnas metálicas y su icónico techo abovedado. “Me impacta cada vez que entro; esos arcos son inmensos. Se elevan hasta el cielo”, confesó Phan.
También figuran la Biblioteca Estatal de Victoria, en Melbourne, con su icónica sala octogonal La Trobe, y la biblioteca rococó del Monasterio de Wiblingen, en Alemania. Esta selección demuestra que, en tiempos de pantallas, el encanto de las bibliotecas sigue siendo insuperable.
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