En Washington, las decisiones estratégicas rara vez se explican con una sola motivación. Detrás de anuncios económicos, reuniones privadas y mensajes medidos, suelen convivir objetivos políticos, cálculos electorales y apuestas de largo alcance que trascienden las fronteras estadounidenses.
Según lo ha revelado en exclusiva el prestigioso medio The Wall Street Journal, el presidente Donald Trump y su equipo están elaborando un plan considerado radical para ejercer control sobre la industria petrolera venezolana durante los próximos años. Según personas familiarizadas con las discusiones, el mandatario ha dicho a sus asesores que esta iniciativa podría ayudar a llevar los precios del crudo a su nivel preferido de $50 por barril.
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Una de las opciones en análisis contempla que Estados Unidos asuma cierto control sobre Petróleos de Venezuela SA (PdVSA), incluida la adquisición y comercialización de la mayor parte de su producción. De concretarse, el esquema permitiría a Estados Unidos administrar gran parte de las reservas petroleras del hemisferio occidental y cumplir dos objetivos centrales: desplazar a Rusia y China de Venezuela y reducir los precios de la energía para los consumidores estadounidenses.
“La industria energética estadounidense y, lo más importante, el pueblo estadounidense y el pueblo venezolano se beneficiarán enormemente del control del presidente sobre el petróleo de Venezuela”, afirmó la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.
Muchas empresas consideran que $50 es un umbral por debajo del cual la perforación deja de ser rentable. Aun así, la Casa Blanca anunció que las sanciones se reducirán selectivamente para permitir ventas de crudo previamente bloqueado. Trump afirmó que Venezuela entregará entre 30 y 50 millones de barriles, mientras que el secretario de Energía, Chris Wright, señaló: “Comercializaremos el crudo que sale de Venezuela… y luego, indefinidamente, venderemos la producción venezolana al mercado”.
Desde Caracas, la presidenta interina Delcy Rodríguez calificó la captura de Maduro como “una mancha en nuestra relación”, aunque matizó que “no es extraordinario ni irregular tener relaciones económicas entre Estados Unidos y Venezuela”.
Más allá de los anuncios, el estado deteriorado del sector petrolero venezolano y la necesidad de inversiones multimillonarias plantean dudas sobre los tiempos y la viabilidad del plan. Aun así, el mensaje es claro: la administración Trump busca ampliar su influencia energética global y convertir el petróleo en una pieza central de su estrategia de poder.
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