El Mundial de 2026 comenzó con imágenes espectaculares en el Estadio Azteca de Ciudad de México, donde una multitud acompañó el debut triunfal de la selección anfitriona. Sin embargo, apenas unas horas después, otro escenario captó la atención internacional por razones muy distintas: las gradas parcialmente vacías en varios partidos encendieron un debate sobre los precios de las entradas, la demanda real del torneo y la estrategia comercial de la FIFA.
Aunque el organismo rector del fútbol asegura que la asistencia ha estado muy cerca de la capacidad máxima en los primeros encuentros, las imágenes observadas en Guadalajara, Santa Clara y Arlington han provocado preguntas sobre la diferencia entre las cifras oficiales y lo que millones de aficionados ven en televisión.
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¿Por qué el partido entre Corea del Sur y República Checa generó tanta controversia?
El encuentro disputado en el Estadio Akron de Guadalajara se convirtió en el primer foco de discusión del torneo. Oficialmente asistieron 44,985 espectadores en un estadio con capacidad para 45.664 personas, una diferencia de apenas 679 localidades.
Sin embargo, durante gran parte del compromiso se observaron amplias zonas vacías, especialmente en los sectores más costosos y en las áreas VIP. El caso llamó la atención porque el precio promedio de las entradas rondaba los $500, una cifra que muchos residentes locales consideraron excesiva para un partido entre dos selecciones sin gran atractivo comercial en México.
La situación reavivó las críticas que ya existían antes del torneo sobre el costo de las entradas, el alojamiento y los desplazamientos entre las distintas sedes distribuidas en Estados Unidos, México y Canadá.
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¿Qué ocurrió en los estadios de Santa Clara y Arlington?
El fenómeno no se limitó a Guadalajara. Dos días después, el partido entre Qatar y Suiza en el Levi’s Stadium de Santa Clara también mostró numerosos espacios vacíos a pesar de que la asistencia oficial fue de 67.966 aficionados sobre una capacidad total de 68,827.
Diversos reportes señalaron que muchos asistentes buscaron refugio en los corredores internos debido a las altas temperaturas registradas durante el encuentro. A medida que avanzó el partido, la sensación visual era la de un estadio bastante menos lleno de lo que reflejaban las estadísticas oficiales.
En Arlington ocurrió otro episodio llamativo durante el duelo entre Países Bajos y Japón. Los exclusivos palcos ubicados detrás de las porterías permanecieron prácticamente vacíos al inicio del encuentro. Posteriormente fueron ocupados por voluntarios del torneo después de que gran parte de esos espacios no lograra venderse. La asistencia oficial fue de 69.285 espectadores en un recinto con capacidad para 70,649 personas.
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¿Cómo explica la FIFA la diferencia entre las imágenes y los números oficiales?
Ante las críticas, la FIFA defendió su metodología de conteo. El organismo explicó que las cifras oficiales no se basan en la ocupación visible de los asientos durante un momento específico del partido, sino en el número de entradas escaneadas y personas que ingresan al recinto.
La entidad también señaló que numerosos aficionados permanecen en pasillos, zonas comerciales, áreas de hospitalidad o sectores de comida durante varios minutos, especialmente en encuentros disputados bajo condiciones climáticas exigentes.
Según los datos oficiales, en los primeros seis partidos del Mundial la diferencia acumulada entre la asistencia registrada y la capacidad total de los estadios fue de apenas 1,574 espectadores.
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¿Pueden los precios convertirse en el gran desafío del Mundial?
Más allá de la discusión estadística, el debate apunta a una cuestión más profunda: la accesibilidad económica del torneo. Organizaciones de aficionados han denunciado que muchas entradas tienen precios considerablemente superiores a los observados en ediciones anteriores de la Copa del Mundo.
La FIFA sostiene que ha vendido más de 6 millones de boletos y que la demanda ha superado ampliamente las previsiones iniciales. Sin embargo, los cuestionamientos persisten y han llegado incluso a autoridades políticas y organismos reguladores que investigan las prácticas de comercialización de entradas.
Con más de cinco semanas de competición por delante, la expectativa es que los partidos de las selecciones más populares llenen los estadios sin dificultades. No obstante, las imágenes de los primeros días ya dejaron instalada una pregunta incómoda para la organización: si los estadios están prácticamente llenos, ¿por qué tantos aficionados siguen viendo miles de asientos vacíos?.
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