En su entrevista con Sean Hannity de Fox News, Donald Trump explicó que lo que históricamente se conocía como la Doctrina Monroe ahora, según él, “la llaman la Doctrina Donroe”. Al recordarle el concepto, respondió: “Era la Doctrina Monroe, pero ahora la llaman la Doctrina Donroe”, y la definió como “una especie de seguridad para esta parte del mundo”, planteándola como un paraguas de protección regional bajo liderazgo de Washington.
Trump resumió la lógica diciendo: “Sí, es bastante simple”. A partir de ahí, la vinculó de manera explícita con la migración y el narcotráfico: “No queremos drogas entrando a nuestro país” y “no queremos gente mala entrando a nuestro país”. También conectó esta doctrina con su política fronteriza, al afirmar: “ahora no entra nadie, a menos que lo haga de manera legal”.
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El significado político del giro es claro: al renombrar la doctrina, Trump no solo la reivindica, sino que la personaliza, transformándola en una marca propia de gobierno. Su “Donroe” funciona como un marco conceptual para justificar una postura más dura de Estados Unidos en el hemisferio occidental, no bajo la lógica de “guerras eternas”, sino de intervenciones selectivas.
En este enfoque, la influencia de Washington se presenta como una extensión natural de la seguridad interna estadounidense. Así, la doctrina deja de ser un principio histórico y se convierte en una herramienta discursiva para legitimar control, presión y presencia estadounidense en América Latina bajo los argumentos de “orden” y “protección”.
¿Qué era originalmente la doctrina Monroe y en qué época se implementó?
La Doctrina Monroe fue proclamada en 1823, pero su aplicación más enérgica comenzó a finales del siglo XIX y principios del XX. Tomó especial fuerza a partir de 1898, tras la guerra hispano-estadounidense, y se consolidó en 1904 con el Corolario Roosevelt, que legitimó intervenciones directas de Estados Unidos en América Latina para “prevenir” la injerencia europea. Durante la Guerra Fría, entre las décadas de 1950 y 1980, volvió a aplicarse con intensidad frente a la influencia soviética en la región.
Formalmente, la doctrina nunca se ha dado por abolida, por lo que no puede considerarse como inexistente. Sin embargo, su uso ha variado según el contexto histórico y los gobiernos de turno, reapareciendo de forma explícita o implícita cada vez que Washington redefine su papel en el hemisferio occidental, tal y como está ocurriendo ahora bajo el nombre “Donroe”.
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