La economía de Estados Unidos mostró un crecimiento moderado al inicio de 2026, en un entorno marcado por inflación persistente y un consumo más débil. El índice subyacente de precios al consumo personal —la métrica preferida de la Reserva Federal— aumentó 0.3% en marzo y alcanzó una tasa anual de 3.2%, en línea con lo esperado por el mercado .
Si se incluyen alimentos y energía, la inflación fue aún mayor: subió 0.7% en el mes y llegó a 3.5% interanual. Este repunte está directamente relacionado con el aumento en los precios del petróleo, impulsado por el conflicto con Irán.
En paralelo, el Producto Interno Bruto (PIB) creció a un ritmo anualizado de 2% en el primer trimestre, por encima del 0.5% registrado en el cuarto trimestre de 2025, pero por debajo del 2.2% esperado por los economistas.
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Inversión empresarial impulsa el crecimiento
El principal motor del crecimiento fue la inversión de las empresas. La inversión fija no residencial aumentó 10.4%, destacando el gasto en equipos y propiedad intelectual, especialmente en áreas vinculadas a inteligencia artificial.
Este impulso compensó parcialmente la desaceleración del consumo, que sigue siendo el componente más importante de la economía. Las ventas finales a compradores privados nacionales —un indicador clave de la demanda subyacente— crecieron 2.5%, frente al 1.8% del trimestre anterior.
El gasto del gobierno federal también contribuyó, con un aumento de 9.3%, recuperándose de una caída de 16.6% en el trimestre previo, afectado por el cierre gubernamental más largo de la historia reciente.
Sin embargo, el crecimiento no fue uniforme. El gasto de los consumidores aumentó solo 1.6%, por debajo del 1.9% del trimestre anterior, reflejando un entorno de mayor cautela.
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Consumo presionado por gasolina y entorno global
El debilitamiento del consumo coincide con un fuerte aumento en los precios de la gasolina, que han subido aproximadamente 44% desde finales de febrero. En abril, el precio promedio alcanzó cerca de $4.10 por galón a nivel nacional, elevando el costo de vida para los hogares .
Este contexto ha impactado la confianza del consumidor, que cayó a mínimos históricos recientes según la Universidad de Michigan. Aunque el mercado laboral muestra cierta estabilidad —con un promedio de 68,000 empleos mensuales en el primer trimestre—, el ritmo sigue siendo moderado.
La combinación de inflación elevada y crecimiento desigual complica el panorama para la Reserva Federal. Los mercados han ajustado sus expectativas: ahora ven más de un 80% de probabilidad de que las tasas de interés se mantengan sin cambios hasta diciembre, reduciendo la posibilidad de recortes en 2026.
Mientras tanto, grandes empresas continúan reportando resultados sólidos, lo que sugiere que la demanda aún se mantiene. Sin embargo, algunas compañías advierten que los consumidores, especialmente los de menores ingresos, están reduciendo su gasto ante la incertidumbre y el aumento de precios.
Para muchas familias, incluidos hogares hispanos en sectores sensibles como transporte, construcción y servicios, el impacto es directo. El encarecimiento de la gasolina y los bienes básicos reduce el ingreso disponible y limita el consumo.
En conjunto, la economía estadounidense muestra resiliencia, pero también señales claras de desaceleración. El crecimiento se sostiene gracias a la inversión empresarial, mientras el consumo —el verdadero motor económico— comienza a mostrar signos de fatiga en un entorno cada vez más exigente.
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