Wall Street continúa moviéndose cerca de máximos históricos, pero esa fortaleza no cuenta toda la historia. El consumidor enfrenta precios elevados, salarios que pierden terreno frente a la inflación y un mercado laboral que comienza a enviar señales preocupantes. Al mismo tiempo, la inteligencia artificial está sosteniendo inversiones y actividad industrial.
Para José Torres, Economista Sénior de Interactive Brokers, entender esa divergencia será determinante para interpretar los próximos movimientos de la FED y de los mercados. “Los datos del consumidor estaban muy flojos, las ventas, el optimismo está muy bajito”, explicó.
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¿Por qué Wall Street rompe récords mientras el consumidor estadounidense muestra señales de debilidad?
Torres identifica una economía cada vez más dividida. Las grandes inversiones tecnológicas están impulsando manufactura, centros de datos e infraestructura, mientras los hogares de ingresos medios y bajos soportan una realidad diferente.
“La fabricación ha estado muy fuerte por el tema de la inteligencia artificial”, señaló. Ese impulso fortalece los indicadores generales y beneficia especialmente a hogares de mayores ingresos vinculados a los mercados financieros.
Sin embargo, “eso no refleja lo que está pasando el consumidor de clase media y de clase baja”.
Las ventas minoristas débiles y la caída de la confianza contrastan con índices bursátiles que acumulan avances superiores al 10%. Torres añade otro problema: los salarios están aumentando menos que los precios, reduciendo progresivamente el poder adquisitivo.
Los próximos resultados de grandes retailers serán fundamentales. Permitirán comprobar si julio representó simplemente “un descanso” después de cinco meses de crecimiento del consumo o si realmente comenzó una desaceleración más profunda.
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¿Por qué José Torres considera que el mercado inmobiliario estadounidense está en una crisis?
La vivienda constituye una de las señales más contundentes. “El sector inmobiliario está en una crisis total”, afirmó Torres, quien sitúa el comienzo del deterioro en 2022.
El principal obstáculo continúa siendo la tasa hipotecaria a 30 años, que se mueve aproximadamente entre 6% y 7%. Cerca del 6% puede aparecer cierta actividad, pero cuando se aproxima al 7%, explica, los pagos mensuales dejan de encajar con los ingresos de muchas familias.
La construcción destinada a compradores permanece débil, mientras los proyectos orientados al alquiler proporcionan mayor soporte.
Torres también destaca el impacto demográfico. Una menor llegada de inmigrantes reduce inicialmente la demanda de alquileres y posteriormente la de viviendas en propiedad.
“Este problema se va a mantener a largo plazo”, anticipó. Para la comunidad latina, esta dinámica tiene especial relevancia porque inmigración, construcción, empleo y acceso a vivienda forman parte de una misma cadena económica.
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¿Qué tendría que ocurrir para que la FED pueda comenzar a recortar las tasas?
El petróleo puede definir buena parte de esa respuesta. Torres señala una inflación general de aproximadamente 3.4%, frente a una inflación subyacente cercana al 2.5%.
La diferencia refleja en buena medida la presión de energía y alimentos. Por eso considera que una solución a las tensiones geopolíticas capaz de devolver el petróleo hacia $60 modificaría significativamente el panorama.
“Si podemos resolver ese problema que tenemos en el Medio Oriente y el petróleo baja a los 60, ya la inflación general va a estar 2.5, 2.4, 2.3 antes de que termine el año”, proyectó.
En ese escenario, la conversación podría pasar de posibles aumentos hacia recortes de tasas, proporcionando apoyo adicional a acciones, vivienda y consumo.
Torres considera que otro catalizador sería que las grandes tecnológicas comenzaran a demostrar mejores retornos sobre sus gigantescas inversiones en inteligencia artificial sin necesitar mantener el mismo ritmo de gasto.
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¿Cuál es la oportunidad que Wall Street podría estar valorando incorrectamente?
Torres identifica una anomalía concreta en los bonos del Tesoro. “Los rendimientos del Tesoro están en las nubes. No tienen razón. No entiendo por qué los niveles están tan altos”, afirmó.
Con la inflación subyacente alrededor de 2.5% y el bono del Tesoro a 30 años cerca de 5.3%, considera atractiva la deuda de larga duración para inversionistas preocupados por una corrección bursátil.
“Si tienes miedo de riesgo de acciones ahora mismo, compra bonos de mucha duración, 20 años, 30 años”, recomendó. Una caída del rendimiento desde 5.3% hacia 4.8% podría producir una apreciación relevante en esos instrumentos.
La mayor amenaza económica, además, podría estar dentro del país. Al comparar geopolítica e inmigración, Torres respondió que “la situación inmigratoria está dándole un poco más daño que geopolítica”, especialmente por sus efectos sobre empleo, construcción y vivienda.
Wall Street puede continuar celebrando récords, pero la próxima etapa dependerá de una combinación mucho más compleja: consumidores resistentes, petróleo contenido, inflación descendente y una FED con suficiente evidencia para flexibilizar su política.
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